Introducción

Una frontera sin muro y un río calmo en el desierto fértil. La confluencia de estos elementos dio origen a la ciudad de Mexicali, fundada en los albores del siglo XX y situada al noroeste de México. La frontera consistía en una línea divisoria con los Estados Unidos de América, que entonces sólo estaba definida por la conexión imaginada entre mojoneras. El río era una extraña derivación del Colorado y su desembocadura cruzaba hasta tierras californianas. El inhóspito suelo fecundo ofrecía un potencial incierto.

Mexicali ha sido un polo intenso de flujos migratorios. El arribo de pobladores provenientes de diversas latitudes es la simiente del paisaje híbrido que se ha conformado a lo largo de cien años. Esta tierra cálida es un crisol multicultural cada vez más diverso; cruce de un tránsito permanente y territorio de identidad inacabada.

El presente artículo aborda tres espacios situados en el sector central de esta ciudad. Cada entorno aquí tratado está eslabonado territorialmente, además de que la historia de esta capital ha tejido entre  ellos fuertes vínculos. El Río Nuevo, los condominios Monte Albán y el barrio La Chinesca han configurado un paisaje híbrido, característico de una urbe fronteriza. Los orígenes y la evolución de estos asentamientos fundacionales de Mexicali dan cuenta de una transformación territorial que ha obedecido más a la especulación deliberada y a condiciones fortuitas que a una rigurosa planeación. Por ello, los cambios en cada lugar y en el paisaje que los conjunta son guiados por el error y la incertidumbre.

El objetivo de este trabajo es interpretar las transformaciones del territorio como un conjunto de acciones derivadas, parcialmente, de la lectura equívoca de tres condiciones geográficas: la natural, la cultural y la política. Estas condiciones se manifiestan con especial agudeza en el sector central de la ciudad; particularmente, se toma como muestra los tres espacios ya citados: la condición natural se expresa en el Río Nuevo, la cultural en los condominios Monte Albán y la política en el barrio La Chinesca.

La existencia del Río Nuevo es ineludible para comprender el origen de la ciudad. Su antiguo cauce y su trazo actual, el accidente topográfico que queda como vestigio, y los dilatados proyectos que se han pensado y edificado sobre este enclave han ostentado una ruptura con el entorno natural. La concepción, las diversas formas de apropiación y el proceso de abandono de los condominios Monte Albán han sido estimulados por la distancia que media entre los imaginarios urbanos del centro del país y los de esta ciudad fronteriza. Por su parte, la fundación del barrio de La Chinesca, su devenir y los intentos de conservar, así como de emular su permanencia y vigor originales son una tentativa enérgica de los incesantes flujos migratorios que desde siempre han atravesado por Mexicali.

El artículo se apoya en una investigación documental que consistió en la indagación de archivos fotográficos, hemerográficos y catastrales en torno a los asentamientos fundacionales de la ciudad. Además, se presenta una serie de evidencias sustentadas en un iterativo ejercicio de observación directa. El registro fotográfico y el análisis de los datos visuales representan un medio indispensable para este trabajo de corte mayoritariamente cualitativo.

Se inicia con el caso del Río Nuevo, en el que se expone a modo de crónica su origen en relación con la fundación de la ciudad y las sucesivas transformaciones que ha tenido en los últimos años. Enseguida se presenta los condominios Monte Albán, en cuya descripción se rescata la promesa que representaron en medio del auge de la vivienda colectiva en México y Latinoamérica, hasta su decaimiento y desaparición, cuando el estigma sociocultural fue determinante. Por último, se trata el caso de La Chinesca; aunque su aparición en la ciudad se dio decenas de años antes a la del complejo habitacional Monte Albán, su abordaje en este trabajo responde al reciente proyecto turístico que pretende retomar la importancia de la cultura china para la historia urbana de Mexicali.

El trabajo espera situarse como un aporte a los estudios culturales urbanos. En este sentido, la noción de paisaje aquí empleada habrá de comprenderse de manera amplia. Así, en cada uno de los lugares se analizan sus componentes edificados, los imaginados y los que emergen en medio de prácticas de apropiación; esto ha implicado considerar la vida cotidiana de los sitios fundacionales y la contundencia de determinados acontecimientos históricos, al mismo tiempo que el más puro presente, junto con aquello que esbozan la planificación urbana y la especulación colectiva.

En este artículo se podrá comprender que la hibridación del paisaje en el sector fundacional de Mexicali no solamente es un asunto que proviene del cruce fronterizo o de la migración, sino que dicho fenómeno obedece a que las transformaciones urbanas van quedando contrapuestas. De este modo se da la impresión de que la ciudad está en constante movimiento, o bien que las acciones implementadas por los diversos frentes (gobierno, iniciativa privada, sociedad civil) no logran articularse con las condiciones reales del entorno. Transformación no es igual a desarrollo. El planteamiento de Martínez de Pisón se aproxima al tratamiento que el presente artículo da respecto a la intersección entre paisaje, transformación y cultura:

Los paisajes urbanos son los que expresan más densamente la historia. Sus formas, no sólo las monumentales, son valores visibles que enlazan con múltiples símbolos culturales. La ciudad-paisaje es ciudad-cultura. Pero es también, como el campo, un escenario activo, es un paisaje-función, por lo que esos valores conviven con la actividad cotidiana. También hay que aceptar la disfuncionalidad de ciertos paisajes urbanos, ya que ciertos criterios absolutos de “racionalidad” acarrearían pérdidas de hechos culturales. Hay,  estrictos de lo que se suele entender por desarrollo.1

Esto implica leer el paisaje con un lente extenso: el Río Nuevo, con sus contrastes visibles y con las tensiones latentes entre poder y contra-hegemonía; los condominios Monte Albán, con su diseño, el emplazamiento que aún conserva algunas ruinas y el entorno inmediato que está siendo fuertemente convertido en infraestructura; y el barrio La Chinesca, incluyendo su demarcación original y los vagos vestigios de las calles, edificios, prácticas e imaginarios que ahora lo integran.

Origen y transformación del Río Nuevo

El Río Nuevo emerge como producto de un error. Aunque el cuerpo de agua existía desde tiempos remotos como un sereno ramal del Río Colorado, su cauce fue modificado. En el umbral del siglo XX se realizaron las obras de ingeniería para procurar que las crecidas del Río Colorado no se quedaran en México, sino que retornaran hacia Estados Unidos de América (EUA), a fin de irrigar las tierras del incipiente valle agrícola de Imperial, al sur de California; sin embargo, un fallo en los cálculos causó una serie de inundaciones. Entre 1905 y 1907, la fuerza del agua y las condiciones naturales del suelo provocaron que los diques construidos colapsaran y que el cambio en el curso del río formara un canal de aguas turbulentas que culminaría en el lago Saltón (Salton Sea).2 Este último es ahora un gran cuerpo de agua salobre situado en medio de los condados de Imperial y Riverside, en California.

Aquello representó una catástrofe en ambas naciones. Desaparecieron los hogares y granjas pioneras situadas en las inmediaciones de Calexico y Brawley, California. Del lado mexicano, decenas de manzanas que definían la parte poniente del primer cuadro de Mexicali se vieron severamente afectadas. El agua se llevó incluso la primera vía y estación del ferrocarril. El resultado fue un gran barranco de 15 metros de profundidad, entre cuyos bordes oscilaban 100 metros de distancia.3

Vista desde Calexico hacia Mexicali del barranco del Río Nuevo provocado por la gran inundación (1907). Fuente: Archivo Histórico de Mexicali

Localización de la zona del Río Nuevo (2017). Fuente: Elaboración propia sobre imágenes de Inegi

El trazo de aquella primera sección, que hoy se conoce como centro tradicional, fue elaborado paralelamente con el de la vecina localidad de Calexico. Ambos trazados corrieron por iniciativa de empresarios norteamericanos, cuya finalidad era promover la venta de lotes destinados a vivienda y comercio para la gente que trabajaría en la construcción de canales y en los campos agrícolas del valle de Imperial y Mexicali. La composición de las manzanas y su lotificación estuvieron inspirados en el urbanismo racionalista de finales de siglo XIX. Aquel tejido ortogonal conformado por calles, avenidas y callejones de servicio quedó borrado parcialmente por la corriente del Río Nuevo.4 El intersticio representa hasta el día de hoy el accidente topográfico más significativo de la gran planicie en que se asienta la ciudad de Mexicali.

Conforme Mexicali fue creciendo, este barranco representó una barrera entre dos áreas urbanas. Al oriente se estableció el centro urbano con sedes gubernamentales, viviendas y comercios bien consolidados. Mientras tanto, al poniente se erigió vivienda popular. La distancia física entre ambas áreas fue menor ante las diferencias socioculturales que el tiempo terminó por zanjar. Precisamente éste es el desafortunado origen de la hoy llamada zona del Río Nuevo.

Ese espacio intermedio se convirtió en un entorno residual de Mexicali y en un asentamiento informal para personas de escasos recursos económicos. Los residentes pioneros solían bañarse y pescar en el río, incluso hasta la década de 1960. El paisaje que se conserva del lado de California podría rememorar aquella imagen pintoresca, pero la contaminación del caudal con aceites y residuos sanitarios, así como los desplazamientos hostiles por parte del gobierno sobre quienes habitaban las barriadas cercanas al cuerpo de agua, fueron dejando una inevitable mancha asociada con violencia, podredumbre y marginalidad.

Desde 1990 surgieron proyectos infructuosos que intentaban atender la problemática ambiental de la zona, el deterioro de la imagen  urbana y la irregularidad catastral. Fue hasta finales de los noventa cuando se iniciaron algunas acciones notables: el abovedado del río, acompañado por la construcción de una amplia vialidad, permitió la delimitación de reservas para construir equipamiento de diversa índole. Ahora el Río Nuevo como cuerpo de agua solamente es visible al extremo sur de Mexicali; al norte, el flujo está al descubierto a partir de la frontera con los eua hasta su desembocadura en Salton Sea.

Buena parte de las reservas ganadas con las obras de encauzamiento y embovedado aún se conservan vacantes, particularmente al sur de la zona. Esta sección queda bien diferenciada por la apariencia de los terrenos en breña y porque el entorno se ha dejado en cierta situación de deterioro. Por ahora, alrededor de una decena de espacios destinados a la educación, la cultura, el deporte y la administración de la justicia ocupan predominantemente la porción norte de la zona del Río Nuevo. Destacan la Facultad de Ciencias Administrativas de la Universidad Autónoma de Baja California, la Plaza Centenario, el Centro de Ferias, Eventos y Exposiciones (Fex ), el Centro Estatal de las Artes y, más recientemente, la reubicación de la Garita Fronteriza entre México y Estados Unidos de América.

Más que un río es hoy un gran drenaje que arrastra los desechos originados por Mexicali y su valle. Tiene una longitud aproximada de 106 kilómetros, de los que 8.7 kilómetros están abovedados dentro del área urbana de Mexicali. Esta situación emana del significado que empezó a adquirir el barranco del Río Nuevo desde sus orígenes. La totalidad de las propuestas que los gobiernos han planteado para la zona se han enfocado en una supuesta mejora de la imagen urbana y siempre han negado la preexistencia de la corriente de agua. La errónea transformación no sólo está vinculada con el nacimiento de esta fallida infraestructura, sino que consiste en anular cualquier posibilidad de catástrofe simplemente haciendo invisible la naturaleza.

Los condominios Monte Albán, de la promesa a la ruina

Un anuncio publicitario del diario local La Voz de la Frontera, con fecha del sábado 19 de agosto de 1967, promovía una “Ciudad Florida, un oasis en el corazón de Mexicali”, aunque en la imagen también se observaba el título “Condominios Mexicali”. Este conjunto finalmente adquirió el nombre de Monte Albán y fue el segundo de los pocos desarrollos habitacionales de edificación vertical con espacios abiertos de uso común en la ciudad.

Publicidad para promover Ciudad Florida, denominada posteriormente Condominios Monte Albán (1967). Fuente: La Voz de la Frontera

En aquel anuncio resaltaban tres aspectos: ubicación estratégica; atractivos y servicios; aislamiento e intercomunicación. La ubicación estratégica estaría dada por su cercanía al primer cuadro de la ciudad y al cruce fronterizo hacia los eua . En la imagen publicitaria se aprecia un entorno dotado de una estructura vial conformada por puentes que cruzan sobre el Río Nuevo, así como espacios ajardinados en la vía pública. La vialidad llegó tres décadas después, cuando el conjunto ya estaba denigrado como hogar de la diáspora china. El cuerpo de agua del río aparecía bien encauzado, pero descubierto; el medio circundante se desdibujaba, por lo que las condiciones topográficas del sitio no se advertían, como si la barranca del río ya no existiera. Los atractivos y los servicios consistían en áreas recreativas para niños, albercas, espacios dotados de elementos escultóricos y estacionamientos.

En el solar que ocuparan los edificios existen aún en pie unas figuras decorativas que parecen asociarse al nombre de Monte Albán. Por un lado, adosado a un puente vehicular, se encuentra un muro de piedra. De ahí surge un par de relieves fabricados en concreto que intenta presentarse como la réplica de sendas figuras prehispánicas. A la derecha se localiza una reproducción de la cabeza de Tláloc, dios de la lluvia; mientras que a la izquierda se encuentra una copia de la cabeza de la serpiente emplumada. Las dos piezas toman como referencia aquéllas que se encuentran en la pirámide de Quetzalcóatl, en el sitio arqueológico de Teotihuacán, en el Estado de México.5

El otro elemento es una reproducción de un Océlotl-Cuauhxicalli. Se trata de un jaguar, conocido como el poderoso animal de la noche.6 La pieza está dentro del predio que ocupaban los condominios y se en cuentra todavía sobre una pirámide escalonada construida en piedra. Esta base fue construida justo frente al espacio donde se erigían los cuatro bloques de viviendas. El jaguar apunta su mirada hacia donde estuvieron los edificios de cuatro niveles que conformaban el centro habitacional. Ahora los ojos de esta figura echada se dirigen a los taludes que exhiben la arquitectura informal, el terreno erosionado y, en general, la precariedad de la zona que contrasta con los nuevos equipamientos y vialidades.

Condominios Monte Albán en estado de abandono (2015). Fotografía del autor

Ninguna de estas réplicas burdas tiene relación con la denominación del conjunto. Aunque hacen alusión al mundo prehispánico mesoamericano, los enclaves de los zapotecos (Monte Albán) y los mexicas (Teotihuacán) están separados por unos 500 kilómetros de distancia. A su vez, las ruinas de Teotihuacán están a 2,600 kilómetros de Mexicali.

Para quienes han vivido en las inmediaciones, es bien conocido que los condominios Monte Albán eran una suerte de gueto de la comunidad china, así como sitio de residencia de ciertas personas provenientes del centro y sur del país. Los habitantes adultos de los primeros cuadros de la ciudad llegan a referirse a este conjunto como “el edificio de los chinos”, o “el picadero”, o “ahí es donde vivían los chilangos”. “[Sus] patrones residenciales están extremadamente segregados. La mayoría de los chino-mexicanos en Mexicali viven cerca del distrito céntrico llamado Primera Sección, o en los condominios de Monte Albán, inmediatamente al sureste de la Primera Sección”.7 Aunque en los primeros años los residentes chinos de los condominios parecían pertenecer a familias con un perfil socioeconómico distinto al de quienes ocuparon los edificios en los años posteriores.

Solar que ocuparían los condominios; en segundo plano se aprecia el Océlotl-Cuauhxicalli y al fondo el paisaje del Río Nuevo (2015). Fotografía del autor

Con el tiempo, los propietarios residentes se fueron retirando de los condominios. La vecindad con la zona del Río Nuevo, el deterioro del centro tradicional y la aparición de nuevos desarrollos en la periferia urbana anulaban su promesa de modernidad. Los condominios bajaron sus rentas y el estigma se profundizó; desde finales de los años ochenta se distinguía por su presencia repulsiva: muros sucios, basura por doquier, bordes paupérrimos y olores fétidos, “casa de gente pobre, de polleros, prostitutas y robadores de autos […] en donde los niños padecían problemas respiratorios por vivir ahí.”8

Los sismos de 1987 provocaron daños en la estructura de estos edificios y desde entonces representaron un riesgo potencial.9 Seguramente este acontecimiento motivó otra serie de mudanzas e impactó drásticamente en el valor de la propiedad. Algunos departamentos permanecieron abandonados, otros se ocuparon por residentes cuyos perfiles y prácticas incidían en detrimento del lugar, y una minoría de ellos seguía siendo habitada por sus residentes originales. El sismo de 2010 terminó de lastimar la estructura de los edificios.

Reproducciones de Tláloc y Quetzalcóatl en los perímetros del condominio (2019). Fotografía del autor

Con aquel movimiento telúrico del Domingo de Pascua de 2010 los edificios no colapsaron totalmente, pero los daños fueron severos. El evento resultó en la recomendación de demoler el conjunto a la brevedad. Meses después, autoridades municipales desalojaron a los inquilinos, se cancelaron los accesos y fueron derribadas las escaleras para evitar que los espacios fueran habitados. Sin embargo, la demolición del conjunto se postergó por cinco años.

El sitio se convirtió en refugio de indigentes, fue afectado por el vandalismo, la rapiña y por prácticas violentas entre los sujetos que ocupaban las viviendas vacías. El 15 de enero de 2015, personal del Cuerpo de Bomberos acudió para asegurarse de que el lugar quedara totalmente desocupado y 32 personas indigentes fueron desalojadas del lugar. Dos días después iniciaron los trabajos de demolición. Al cabo de tres semanas el predio ya se encontraba baldío, solamente el Océlotl-Cuauhxicalli sobre la base de piedra quedó en pie, junto con los elementos empotrados en el muro adjunto al puente vehicular cercano, únicos vestigios de las ruinas.

La apuesta de este conjunto habitacional representó un arriesgado impulso inmobiliario para la zona del Río Nuevo, mientras que su nombre de inspiración prehispánica procuró una ingenua e innecesaria conexión con las raíces mexicanas. Las especulaciones urbano-arquitectónicas agudizan su tono en las fronteras; los resultados manifiestos en el paisaje yermo y silencioso del presente aportan un par de lecciones, desatinadas, pero al fin lecciones. Por un lado, la planicie sobre la que se asienta Mexicali hace inviable la edificación vertical: la inercia de la dispersión urbana (sprawl) es capaz de seguir fomentando la vivienda unifamiliar, el espacio doméstico privado y la dependencia del automóvil. Por otro lado, las falsas alusiones que reproducen toscamente el mundo prehispánico no son compatibles con el paisaje de la ciudad transnacional, cuyo referente más poderoso es la hibridación.

Establecimiento comercial situado en La Chinesca, Mexicali (ca. 1921). Fuente: Archivo Histórico de Mexicali

Chinesca o Chinatown

La fundación de Mexicali no puede comprenderse sin considerar la importancia de la población de origen chino. La frontera con los eua , particularmente con el estado de California, fue determinante para el arribo de los primeros pobladores asiáticos. Las restricciones establecidas por los EUA a finales de siglo xix para que ingresaran inmigrantes chinos obligaron a que quienes ya se habían asentado en ciudades como San Francisco y Los Ángeles iniciaran un prolongado éxodo hacia los valles agrícolas del sur para evitar la deportación. Aunado a lo anterior, el entonces presidente mexicano Porfirio Díaz firmó en 1899 el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre China y México.10 Así, inauguró las relaciones diplomáticas entre ambos países. Estas condiciones, junto con la promesa de altos ingresos que se vislumbraba en la frontera, fueron definiendo que la población de Mexicali en sus años iniciales fuera predominantemente oriental.

Gran parte de los pobladores de origen chino llegó al entonces caserío que era Mexicali en la primera década del siglo XX. Éstos se fueron incorporando como trabajadores para la Colorado River Land Company, empresa norteamericana encargada de colonizar y habilitar el valle de Mexicali.11 El suelo de esta región vivió desde entonces la bonanza por el cultivo del algodón durante más de cuatro décadas. Así, en este valle agrícola originalmente destinado a la ganadería, se empezó a rentar tierras a grupos de empresarios chinos asentados en California, quienes se dedicaron al cultivo del algodón. Dado que la mano de obra oriental se consideraba bastante accesible, fueron contratando como trabajadores a sus connacionales. Por eso, con el paso de los años arribaron cada vez más migrantes directamente de China.

Superada la catástrofe provocada por el Río Nuevo, la manzana número 8 sirvió de ubicación para las primeras casas y los pequeños comercios de los chinos que arribaron a Mexicali. En poco tiempo, aquéllos que se dedicaban a la agricultura prosperaron económicamente y se fueron mudando al área urbana. Ya en los inicios de la década de los veinte, con los ingresos de la agricultura invirtieron en el comercio, abrieron restaurantes, hoteles, zapaterías, entre otros establecimientos. Aquella manzana se fue transformando en un extenso barrio que fue adoptando el nombre de La Chinesca.12 Cronistas de la época aseveraban que sólo en el poblado de Mexicali había más de diez mil chinos por poco más de cinco mil mexicanos. Los censos ofrecen cifras diversas, pero habrá que considerar que desde siempre el comportamiento de la diáspora china arribada a esta ciudad ha sido un tanto endogámico.

La Ley Seca aplicada de 1920 a 1933 en los EUA13 motivó que muchos obreros y agricultores chinos abandonaran el campo con la idea de abrir bares, hoteles y restaurantes en el creciente pero aún llamado “pueblo” de Mexicali,14 donde podrían atender la llegada desmedida de clientela norteamericana. En La Chinesca se emplazaron con éxito casi todos los casinos y bares, al mismo tiempo que se desarrollaba un sistema subterráneo consistente en túneles que conectaban burdeles y fumaderos de opio entre sí. Se dice que estas conexiones sirvieron a los contrabandistas de la prohibición para pasar a EUA alcohol comprado en México.15

Los inmigrantes chinos también se ubicaron en la actividad económica de servicios. En este campo hemos de resaltar que algunas inversiones fueron importantes, como por ejemplo, la apertura de lavanderías, que en el estado de California tuvieron éxito y en Baja California fueron una novedad, debido a que una parte de la población se pasaba al estado vecino para que le hicieran este servicio.16

En 1923, La Chinesca registró un aparatoso incendio que dejó en evidencia lo que hasta ese momento era un mito: una ciudad subterránea que servía no sólo para resguardarse del extremoso clima, sino como centro de operaciones de mafias orientales y norteamericanas. Aquel siniestro y un segundo incendio, acontecido en los años sesenta inspiraron un sinfín de leyendas en torno a una ciudad habitada por dragones, monstruos míticos y villanos orientales.

Una vez derogada la Ley Seca, el comercio perdió mucha fuerza con el consiguiente cierre de muchos establecimientos. Por fortuna, los años de la Segunda Guerra Mundial propiciaron un segundo momento de auge por el cultivo del algodón en México. El “oro blanco” significó durante casi dos décadas la aparición de una nueva clase burguesa en la localidad. Los agricultores acaudalados fueron los principales consumidores del comercio oriental que había permanecido: los cafés y restaurantes de comida china.

Desde principios de la década de 1970 el crecimiento de Mexicali estuvo impulsado por el apoyo al sector industrial, lo que generó una dispersión urbana desigual. Las nuevas periferias y las dificultades por las que fue atravesando simultáneamente la actividad agrícola dejaron un importante vacío de actividades en los primeros cuadros de la ciudad. Además, la apertura del nuevo Centro Cívico y Comercial en 1977 implicó la mudanza de las principales dependencias gubernamentales, situadas originalmente en los barrios fundacionales. El centro tradicional empezaba a exhibir una innegable obsolescencia.

La Chinesca fue decayendo a la par que se inauguraban decenas de establecimientos de comida china en los nuevos desarrollos urbanos. Esto mantuvo el imaginario de que el tradicional barrio chino de esta capital era un área decadente e insalubre. La cercanía de este barrio con el barranco del Río Nuevo hacía más fuerte la percepción negativa. Además, el establecimiento de giros rojos como única alternativa para salvar el viejo Mexicali dibujó un paisaje intersticial, deslucido y ruinoso alrededor de ciertos corredores comerciales ya consolidados, como “la calle de las flores”, “la calle de las novias” o “la calle de las dulcerías”.

“En Mexicali, el barrio chino es considerado como una parte de la ciudad, un pequeño espacio en donde convergen las características mexicanas urbanas con algunos aspectos culturales asiáticos.”17 Hoy, La Chinesca de estos tiempos es descrita como un espacio que se distingue especialmente de aquellos asentamientos autocontenidos llamados chinatown de EUA.

Plaza de la Amistad, centro tradicional de Mexicali. Al fondo se observa el cerco fronterizo México- EUA (2019). Fotografía del autor

Ante las dificultades, la comunidad china en la ciudad se ha mantenido activa. Así, en un acto que parecía cargado de nostalgia, el gobierno local creó en 1995 la Plaza de la Amistad, construida en honor a la hermandad entra las ciudades de Nan Jing y Mexicali. Situado en el centro de la ciudad, a escasos metros del cerco fronterizo, el espacio se distingue por contener, como un monumento, una pagoda doble construida por manos artesanas de China. La presencia de este hito renovó los ánimos para pensar en la rehabilitación del centro tradicional de Mexicali, incluyendo La Chinesca. Sin embargo, las vanas intenciones de cada gestión gubernamental y una falta de claridad en las aspiraciones del sector empresarial no han dejado que se concrete nada trascendente ni perdurable.

En el otoño de 2015 se empezó a hacer pública la propuesta de que en el predio que estuviera ocupado por los condominios Monte Albán se erigiría un centro turístico y cultural que sería conocido como Chinatown. Lo promovía el Gobierno del Estado, que no dejaba en claro la situación legal de la propiedad y lo anunciaba como un espacio que representaría una puerta simbólica de entrada a México desde los eua . Se ideó como atractivo para el turismo del sur de California y como un lugar que rescatara las tradiciones del pueblo migrante desde el origen de esta ciudad. Para el verano de 2017 el Gobierno Municipal confirmó que continuaban las gestiones.

Situación actual de las calles que conformaron La Chinesca (2019). Fotografía del autor

El gobierno federal anunció en febrero de 2019 el inicio del Chinatown en Mexicali como parte de la Estrategia Nacional de Turismo. Aunque no existe un proyecto detallado, el Secretario de Turismo en Baja California expuso que habría participación del gobierno además de inversionistas para crear “una zona comercial, pero también histórica, turística y cultural, con oportunidades de inversión”. Los atisbos de este nuevo barrio chino se asemejan a la noción de lugar empaquetado, 18 pues se crea una sensación de patrimonio mediante la reconstrucción de fragmentos reales e imaginados, exponiéndolos con estrategias propias de la mercadotecnia.

En paralelo, un colectivo multidisciplinario de jóvenes profesionales consolidaba la iniciativa llamada “Algo por el centro”, mediante la cual “busca(n) facilitar la planeación, el desarrollo y la ejecución de proyectos de diversa índole para el bienestar del centro histórico [con la visión de] ser el principal catalizador de iniciativas para el reposicionamiento del Centro Histórico como el corazón de la ciudad”,19 y teniendo como ejes rectores los valores de sentido del lugar, diversidad, innovación y cooperación. Mientras desde el gobierno se va gestando la simulación urbana neochinesca y el pastiche arquitectónico cantonés, una iniciativa ciudadana ha llevado a cabo con cierto éxito una decena de eventos en diversos espacios del primer cuadro de la ciudad de Mexicali.

Propuesta para el Centro Cultural La Chinesca elaborada por alumnos de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UABC (J. Sarao, S. Torres, R. Zarate / Prof. R. Rivera) en vinculación con el gobierno local (2015). Fotografía del autor

Aun con un aparente trasfondo gentrificador, este joven colectivo ha reunido grupos bastante heterogéneos en los que decenas de personas se han dado cita para asistir a talleres artísticos, caminatas temáticas, proyectos de vinculación con instituciones educativas, así como festivales culturales. Ante el emerger de las nuevas acciones inspiradas en el urbanismo táctico,20 la promesa del nuevo chinatown ya parece obsoleta para cubrir el solar que ocuparan los condominios Monte Albán.

A modo de cierre

Las transformaciones en el sector central de Mexicali se evidencian en los montajes fallidos que representan el Río Nuevo, como infraestructura y como zona en desarrollo; los condominios Monte Albán, como tipología y como símbolo; y la propuesta de un nuevo chinatown como estrategia turística y remedio ineficaz para el rescate patrimonial. Sin embargo, otros muchos modos de transformación encuentran expresión en las mudanzas inciertas: las de los sujetos que van del campo a la ciudad; las de todos los migrantes que hacen su paso latente o notorio; las de los tiempos políticos de aquéllos que ejercen desde su posición de poder una capacidad de decisión, a veces pertinente y otras tantas errada.

Muralismo urbano en el centro tradicional de Mexicali, realizado por JM (Colectivo Tomate/ Ciudad Mural). En él se distinguen elementos de la cultura oriental (2019). Fotografía del autor

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NOTAS

1 Eduardo Martínez de Pisón, Miradas sobre el paisaje (Madrid: Biblioteca Nueva, 2009), 54.

2 Ver: Adalberto Walther, Origen de Mexicali (Mexicali: UABC, 1991).

3 Ver: Guillermo Álvarez y Antonio Padilla, “El Río Nuevo, la línea fronteriza y el ferrocarril, su impacto en la forma urbana”, Semillero 74 (2011): 28-42.

4 Ver: Héctor Lucero, editor, Mexicali, 100 años: arquitectura y urbanismo en el desierto del Colorado (México: Patria, 2002).

5 Aunque en aquel lugar, las piezas se encuentran dispuestas en un orden distinto y conforman una secuencia rítmica en torno a la edificación, Tláloc aparece a la izquierda.

6 El Océlotl-Cuauhxicalli es símbolo de Tezcatlipoca (fuente de la vida, omnipresente, fuerte e invisible) y patrono de la masculinidad. La escultura es muy parecida a la de un Cuauhxicalli; es decir, un recipiente sagrado utilizado para colocar la sangre y los corazones de los guerreros.

7 Randy Sunwin Uang, Chinese Mexican community organizations in Baja California (ponencia tpresentada en el 28º Annual ILASSA Student Conference, Austin, 7-9 de febrero de 2008), 13.

8 William T. Vollmann, Imperial (Nueva York: Penguin Group, 2009), 75.

9 Ver: Juan Manuel Rodríguez Esteves, “Los desastres naturales en Mexicali, B.C.: Diagnóstico sobre el riesgo y la vulnerabilidad urbana”, Frontera Norte 27 (2002): 123-153.

10 Ver: Eduardo Auyón Gerardo, El dragón en el desierto: los pioneros chinos en Mexicali. (Mexicali: Centro de Investigación de la Cultura China, 2003).

11 Ver: Instituto de Investigaciones Históricas del Estado de Baja California, La comunidad china del Distrito Norte de Baja California (1910-1934) (Mexicali: Instituto de Investigaciones Históricas del Estado de Baja California, 1990).

12 Ver: Evelyn Hu-Dehart, La comunidad china del Distrito Norte de Baja California de 1910 a 1934 (Mexicali: Instituto de Investigaciones Históricas del Estado de Baja California, 1990).

13 Conocida en los EUA como Volstead Act.

14 Ver: Catalina Velázquez Morales, “Los chinos y sus actividades económicas en Baja California, 1908-1932”, Dimensión Antropológica 44 (2008): 56-98.

15 Ver: Catalina Velázquez Morales, Los migrantes chinos en Baja California 1920-1937 (Mexicali: Universidad Autónoma de Baja California, 2001).

16 Rosario Cardiel Marín, “La migración china en el norte de Baja California, 1877-1949”, en María Elena Ota Mishima (ed.), México: un estudio de las migraciones asiáticas a México, siglos XIX y XX (México: El Colegio de México, 1997), 236.

17 Ximena Alba, “El barrio transnacional”, en Federico Besserer y Daniela Oliver (eds.), Ensamblando la ciudad transnacional (México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2014), 195-196.

18 Ver: D. Medina Lasansky y Brian McLaren, Arquitectura y turismo: percepción, representación y lugar (Barcelona: Gustavo Gili, 2006).

19 Algo por el centro, “¿Quiénes somos?”, consultado el 12 de enero de 2019, http:// www.algoporelcentro.org/nosotros.

20 Ver: Mike Lydon y Anthony García, Tactical Urbanism: Short-term Action for Long-term Change (Washington: Island Press, 2015)

Alejandro José Peimbert Duarte
Universidad Autónoma de Baja California, México
alejandro.peimbert@uabc.edu.mx

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DOI: http://dx.doi.org/10.22201/fa.2007252Xp.2019.20.72311