Introducción

El objetivo ulterior del presente artículo es rescatar la labor poco conocida de la Unión de Arquitectos Socialistas. A pesar de su corta existencia, esta entidad desarrolló al amparo del cardenismo un proyecto urbano y arquitectónico donde el trabajo comunal sería el eje de la vida cotidiana de sus habitantes. Para tal propósito, se enumerarán las causas por las cuales los jóvenes arquitectos que la conformaron se autodenominaron como arquitectos socialistas. Asimismo, se describirán las características de su pensamiento teórico, plasmado en su “Doctrina Socialista de la Arquitectura”, con la cual justificaron su labor como adherentes a esta postura política. Posteriormente, se analizarán las características del Proyecto de la Ciudad Obrera, poniendo especial interés en los aspectos arquitectónicos y urbanos que ayudarán a comprender la dinámica social de su ciudad obrera.

Contexto histórico del socialismo en México

Poco se sabe de un grupo de jóvenes arquitectos que entre los años de 1938 y 1940 definió su labor arquitectónica como, socialista. Para enmendar esta laguna habrá que aclarar cómo, en un país cuyas dinámicas políticas e institucionales difícilmente se asemejaban al socialismo desarrollado en la Unión Soviética, se presentó este fenómeno social. Algunos indicios se encuentran en una serie de publicaciones que salieron a la luz desde la segunda mitad del siglo XIX, ya que éstas influyeron en el desarrollo de un ambiente pro socialista en los principales centros mineros y fabriles de México. Entre estas publicaciones se encontraban La Comuna (1871), El Socialista (1871) o El Hijo del Trabajo (1874), que orientaron las demandas de los trabajadores. Por su parte, ellos comenzaban a concentrarse en importantes organizaciones como el Gran Círculo de Obreros (fundado en 1871), el cual mantenía actividades “en la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala y Veracruz.”1 Dichos documentos, inspirados en el socialismo utópico y fraternalista europeo2 fueron bien recibidos y comentados dentro de las reuniones. Los problemas que se discutían frecuentemente se concentraban en las pésimas condiciones de trabajo y en la necesidad de proporcionar viviendas higiénicas a los trabajadores.3

En lo que respecta a esta última demanda, será un tema constante a lo largo del siglo XX que buscó integrarse en los proyectos de los gobiernos; muestra de ello es la labor que realizaron tempranamente intelectuales como los hermanos Flores Magón, quienes en el “Manifiesto del Partido Liberal Mexicano” (1906) exigieron, en el punto número 26: “Obligar a los patronos o propietarios rurales a dar alojamiento higiénico a los trabajadores, cuando la naturaleza del trabajo de éstos exija que reciban albergue de dichos patronos o propietarios.”4 En los años siguientes, el tema se consideraría dentro de la Constitución de 1917, que en su Artículo 123, Fracción XII, manifestaba que “en toda negociación agrícola, industrial, minera o cualquier otra clase de trabajo, los patronos estarán obligados a proporcionar a los trabajadores habitaciones cómodas e higiénicas […]”5 Es evidente que el problema de la vivienda se tendría como una de las prioridades para los gobiernos en turno, ya que una vez concluido el movimiento armado, la Ciudad de México recibiría constantes migraciones provenientes del campo y de poblaciones afectadas, por lo que era necesario, tanto en la ciudad como en los nuevos asentamientos, implementar mejores proyectos de planeación urbana, infraestructura y servicios que garantizaran las suficientes condiciones de habitabilidad.

Durante la décadas de 1920 y 1930, las ideas del socialismo tendrían una importante difusión a través de la conformación de partidos políticos de orientación socialista y sindicatos que se fortalecían con el crecimiento de sus agremiados, lo cual les proveyó de una gran representación en la escena política. Dentro de estas organizaciones destacan la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), entre otras. Por su parte, el Estado mantendría una relación estrecha con estas agrupaciones con la intención de consolidar una fuerza política y una burocracia sindical que tomaría como estandarte el nombre de la Revolución6 para así favorecer la aglomeración de masas a su servicio.7

Aunque a lo largo de la década de 1930 las ambigüedades teóricas de las propuestas del gobierno provocaron fuertes críticas y debates entre los sectores más conservadores y en la oposición política —especialmente cuando se propuso la reforma al Artículo 3 constitucional (1933), que anunciaba que “la educación que imparta el Estado será socialista”—, la postura que tomaría el General Cárdenas fue la de aminorar la desconfianza previamente a las elecciones presidenciales, exponiendo que el objetivo de su política se concentraba en realizar un reformismo social a través de la educación, el cooperativismo y el trabajo. Asimismo, enfatizó que no pretendía la socialización de los medios de producción como se realizaba en la Unión Soviética. Por ello declaró en su discurso del 28 de marzo de 1934 que:

La principal acción de la nueva fase de la Revolución es la marcha de México hacia el socialismo […] Del comunismo de Estado se aparta […] porque ni está en la idiosincrasia de nuestro pueblo la adopción de un sistema que lo priva del disfrute integral de su esfuerzo, ni tampoco desea la sustitución del patrón individual por el Estado-Patrón.8

Una vez atendidas estas inquietudes, el Estado continuó trabajando en su agenda política con el apoyo de organizaciones sindicales y la aprobación social, lo cual le permitió realizar acciones relativas a la vivienda, la salud, el reparto agrario, la nacionalización de los ferrocarriles (1937), la expropiación petrolera (1938) y la materialización de proyectos educativos, como la creación del Instituto Politécnico Nacional (1937).

Como se observa, el socialismo desarrollado durante este periodo (a pesar de sus carencias teóricas) fue un tema presente en la política, entre los profesionistas y en la sociedad. Rosendo Salazar describe que el ambiente que se percibía durante estos años se manifestaba de la siguiente manera:

La dialéctica marxista vibraba en la prensa, la cátedra, la tribuna parlamentaria. Las librerías se atestaban de ediciones de El capital; el retrato del autor del materialismo histórico fue puesto en los escaparates; nuestra historia patria comenzó a ser vista con la lente marxista; los textos escolares recibieron, a partir de ese momento, las modificaciones correspondientes […] Sólo la Universidad Nacional rechazó el marxismo en sus cátedras […]”9

La fundación de la Unión de Arquitectos Socialistas

Uno de los antecedentes directos que condujeron a la fundación de la Unión de Arquitectos Socialistas se encuentra en las actividades que realizaban sus miembros en organizaciones simpatizantes con el socialismo. Una de ellas fue la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios

(LEAR), creada en 1933,10 que albergaba secciones como pintura, música, teatro y arquitectura.11 En esta última, Álvaro Aburto, Raúl Cacho, Ricardo Rivas, así como José Luis Cuevas, sumarían esfuerzos para presentar una ponencia en enero de 1937 con el título: “El problema de la arquitectura y del urbanismo de México,”12 en la cual manifestaron sus inquietudes con respecto a los problemas urbanos y de habitación. Otro de los jóvenes que participaron en las actividades de esta liga fue Alberto T. Arai, quien expuso en noviembre de 1937 un texto titulado La nueva arquitectura y la técnica, en el cual estableció que uno de los objetivos centrales a donde conduciría sus propuestas teóricas sería:

[…] luchar por una arquitectura mexicana total, rigurosamente técnica, nacida de la realidad, plenariamente social, económica, impersonal, cuya influencia se infiltre a través de la vida humana, agrícola e industrial del territorio por medio de un mapa regulador de urbanismo nacional. Una doctrina ampliamente formulada en el sentido de realizar una arquitectura de Estado, que es el eje vertebral de las nuevas aspiraciones técnicas de los arquitectos jóvenes de México.13

Por su parte, Enrique Yáñez no fue ajeno al compromiso social de atender el urgente problema de la habitación para los trabajadores durante estos años. Incluso había ya estudiado y desarrollado propuestas habitacionales, como el proyecto para la Casa Mínima de 1932, que serviría para la construcción de las casas tipo 2 en la colonia Jardín Balbuena.

Fue en los primeros meses de 1938 cuando el ambiente fraternal que el cardenismo había procurado desarrollar en la sociedad había influido para que un grupo de jóvenes buscara ofrecer propuestas al problema de la habitación obrera. A la brevedad, Enrique Yáñez (30 años), Ricardo Rivas (25), Enrique Guerrero (24), Alberto T. Arai (23), Raúl Cacho Álvarez (26) y Balbino Hernández14 comenzaron a reunirse en el despacho de Yáñez en la calle de Palma 330, para dar paso a la formación de la Unión de Arquitectos Socialistas en el mes de marzo. Este periodo se caracterizó por una gran agitación política y social debido a la inminente expropiación petrolera. A sus miembros se les sumaría Carlos Leduc (29 años),15 junto con Ricardo Rivas, quien militaba en el Partido Comunista. Sin embargo, Leduc abandonaría el grupo poco tiempo después, ya que consideraba que denominarse como socialista “era una auto calificación que no correspondía a la orientación general de sus participantes.”16

El grupo comenzó sus primeras acciones ofreciendo sus servicios a través de un cartel a la clase trabajadora, con la finalidad de asesorarlos para dar respuesta a sus problemas de vivienda.17 Resulta interesante detenerse a analizar el contenido de este material propagandístico, ya que dentro de sus demandas se encontraban frases como: “[…] las enfermedades originadas y transmitidas por la insalubridad de tu vivienda y de tu fábrica […],”18 lo cual mostraba la necesidad imperiosa por aquel entonces de dotar a los trabajadores de habitaciones higiénicas. Más adelante, se pide el apoyo a los “trabajadores técnicos de la arquitectura”; estas líneas contienen la teoría que los arquitectos socialistas habían estado desarrollando para justificar el advenimiento de una nueva arquitectura técnica. Por último, se menciona que: “El individualismo de tu vida presente impide que te organices en casas colectivas […],”19 que hacía mención a los inconvenientes económicos y urbanos que implicaba la construcción de casas solas, obstáculos que serían atendidos dentro de su Proyecto de Ciudad Obrera.

El mes de mayo de 1938 fue una de las mejores oportunidades para que la Unión presentara formalmente sus exigencias. Por ello marcharon llevando una manta que contenía las frases: “Proletarios viven en tugurios” y “Exigimos la solución de este problema”. Enrique Yáñez señaló al respecto que: “Hay algunas fotografías curiosas en las que andamos por ahí en manifestaciones del Primero de Mayo […] No tuvimos enfrentamientos con el gobierno. En primer lugar, esos años eran los del gobierno del General Lázaro Cárdenas […]”20 De este acontecimiento, Ramón Vargas Salguero rescataría una fotografía que fue proporcionada por Guerrero a petición de Yáñez, la cual ha sido hasta ahora el único material fotográfico que se conoce de la Unión.

Doctrina socialista de la arquitectura

En septiembre del mismo año, la Unión tuvo un papel relevante al participar en el xvi Congreso Internacional de Planificación y de la Habitación, llevado a cabo en la Ciudad de México. Allí mostraron su Proyecto de Ciudad Obrera, que tendría una especial dedicatoria a Carlos Contreras, José Antonio Cuevas y al General Lázaro Cárdenas, por el apoyo recibido a lo largo del congreso.21 La presentación del trabajo estuvo acompañada de ilustraciones con planos, láminas y el texto “Doctrina socialista de la arquitectura”, donde señalaron que su trabajo sólo podrá ser revolucionario “cuando satisfaga globalmente la necesidad colectiva de habitar.”22

Manifiesto a la clase trabajadora. Unión de Arquitectos Socialistas, 1938. Fuente: Archivo particular, Ramón Vargas Salguero.

Pancarta que representó a la Unión de Arquitectos Socialistas en una manifestación llevada a cabo el 1º de mayo de 1938. Fuente: Colección Particular de Ramón Vargas Salguero

Proyecto Ciudad Obrera de México. Unión de Arquitectos Socialistas, 1938. Fuente: UNAM- Hemeroteca Nacional

Detalle de la habitación tipo. Proyecto de la Ciudad Obrera de México. Unión de Arquitectos Socialistas, 1938. Fuente: UNAM-Hemeroteca Nacional

En este trabajo teórico, la Unión buscó ser congruente con la realidad económica del país y de sus pobladores. Por estas razones se creyó necesario economizar recursos y utilizar nuevas técnicas que simplificaran y abarataran los procedimientos de construcción. Todo ello llevaría al desarrollo de una “arquitectura técnica” y de Estado, la cual sería “[…] la definición exacta de la arquitectura socialista del futuro. Arquitectura económica en el sentido de la economía política, esto es, para todos.”23 Por consiguiente, el resultado de estas formulaciones derivaría en la revolución de la arquitectura, que dentro de un sistema socialista proveería de mejores ciudades a los trabajadores.

Otro de los aspectos que es necesario aclarar es la razón por la que esta arquitectura fue definida como socialista. La respuesta inmediata se puede encontrar en una entrevista realizada a Enrique Yáñez –décadas posteriores– donde se le preguntó cuáles fueron los parámetros que consideraron para definir sus proyectos. Yáñez respondió:

[…] pues no, no hay elementos de arquitectura propiamente socialista; ventanas o puertas o techumbres o cosas de esas, lo que hay en la arquitectura socialista son objetivos que quieren decir mucho en este sentido; uno de ellos de carácter muy importante es la economía, el justificar las inversiones que se hacen en las obras. ¿Por qué? Porque si estas obras son de beneficio social y uno aplica estricta economía y racionalidad en el proyecto, se harán más obras de ese género; los beneficios alcanzarán a mayor cantidad de gente […]24

Como lo menciona Yáñez, el cumplimiento de los objetivos que propusieron definiría sus proyectos como socialistas, dando como resultado edificaciones funcionales de fuerte carácter “ético y moral”. En cuanto a las cualidades estéticas, cabe señalar que no se antepusieron tajantemente; muestra de ello es la incorporación de elementos pictóricos y didácticos que realizaron en otros proyectos, como en el edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas (1938), donde David Alfaro Siqueiros incorporó la pintura llamada Retrato de la burguesía. Sin embargo, en el contexto histórico marcado por el cardenismo, los valores de utilidad y funcionalidad tendrían una mayor relevancia. Raúl Cacho comentaría al respecto que se:

[…] ataca a aquella arquitectura que pretende ser bella en una época como la nuestra, que es científica, técnica y social por excelencia; sobre todo si esa arquitectura es para México, en donde aún la gran mayoría de la gente no habita humanamente por carecer de los recursos económicos necesarios para fabricarse una habitación eficiente. Esa arquitectura estética, cara y superflua, ni resuelve lo que necesita el hombre en lo individual ni en lo colectivo […]25

Proyecto Ciudad Obrera

La inquietud de la Unión por tratar de implementar una ciudad obrera en la Ciudad México respondía a la necesidad de proveer, transitar y ofrecer mejores alternativas de vivienda, tomando como modelo los proyectos ya implementados en otras partes del mundo. Algunos ejemplos se comentaban en revistas como Arquitectura y Decoración, donde se mostraba una variedad de proyectos, como el trazado por Hannes Meyer en la Unión Soviética para la capital de Birobidjan (1933-1934), así como la planificación de las ciudades Satélite de Molotovo y Nishni Kourinsk en el distrito de Perm, en los Urales. Uno de los experimentos en cuestión de vivienda que guarda un gran parecido con el Proyecto de la Ciudad Obrera fue la propuesta que se materializó en el edificio para trabajadores en Narkomfin en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), obra de Moisei Ginzburg (1926-1929). Éste se encontraba constituido por células de habitaciones destinadas para cincuenta familias, con miembros de edades muy diversas, y poseía un programa determinado por las actividades y la forma de vida que permitiría el paso a un modelo comunal.26

Esquema del programa destinado para el Proyecto Ciudad Obrera, donde se aprecia la distribución de sus espacios. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

La solución urbanística

Por su parte, la Unión proyectó una ciudad cuya solución urbanística se realizó a partir de favorecer la búsqueda del terreno conveniente, para lo cual se consideró el plano regulador del crecimiento de la Ciudad de México, así como el sistema de las vías férreas y los canales del desagüe. De igual manera, los estudios urbanos de Carlos Contreras sobre la planificación de la capital ayudaron a trazar las zonas destinadas para la habitación obrera, la industria y el cultivo.

Edificio colectivo para familias. Proyecto de la Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

Plantas del edificio colectivo para familias. Proyecto Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

Planta baja y alta de la habitación tipo. Proyecto Ciudad Obrera, Unión de Arquitectos Socialistas. Fuente: Arquitectura y Decoración 11 (1938)

Reunión por el XXV aniversario de la fundación de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos, marzo de 1944. Se aprecia, de pie de derecha a izquierda, a los arquitectos Enrique Yáñez, Enrique Guerrero, Raúl Cacho y en cuarto lugar a Alberto T. Arai. Fuente: Fondo Enrique Guerrero Larrañaga, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

Uno de los aspectos más importantes de este proyecto fue la determinación de la zona de trabajo industrial, para lo cual se tuvo en cuenta:

El límite este del canal y el lugar por donde entran más ferrocarriles a la ciudad. Con esto se pudo ver que los ferrocarriles de más importancia y los de mayor número eran los que entraban por el norte. Se dedujo, por tanto, que las estaciones centrales de carga y pasajeros convenientes deberían estar en la zona norte, con lo cual quedó determinada la zona industrial más conveniente para la ciudad.27

Posteriormente se realizaron los estudios que sugirieran el mejor lugar para la zona de la habitación obrera, la cual tendría que tener proximidad con la zona industrial para procurar una comunicación rápida con ella. El sitio elegido fue el paraje libre al sur de la Villa Madero, que se extendía hasta Tacuba y Azcapotzalco; se escogió con la intenciónadicional de aprovechar las  tierras fértiles del antiguo lago de Texcoco. El resto de los terrenos libres, circundantes a la ciudad obrera, se consideraron dentro del plan para futuras ampliaciones. En cuanto a la zona norte, se dispuso que su llanura fuera destinada para las labores agrícolas –pensadas para que las mujeres las atendieran–, debido a que se proyectaba una gran aportación de esta actividad a la ciudad.

Para hacer más efectiva la circulación entre las zonas de trabajo, se planearon calzadas más amplias y se consideraron los horarios de gran tránsito para evitar aglomeraciones. Por otra parte, se suprimieron por completo las vías grandes en el sentido norte a sur “dejando sólo las que siguen el sentido de los lugares industriales de trabajo”. En lo que respecta a la planeación del centro cívico:

Se encontró que el mejor lugar para el centro cívico era el que quedaba más en contacto con el centro de la ciudad de México, entre la zona agrícola de las mujeres, la zona industrial y la zona de habitación propiamente dicha del conglomerado obrero.28

La distribución de las zonas en la Ciudad Obrera

En el programa para la Ciudad Obrera se consideró la limitación de zonas por sus actividades: habitación, industrial y de cultivo. Para tal efecto, el plano urbano quedó condicionado por un:

[…] plano regulador de la ciudad basado en la separación de un núcleo central, que es el México viejo cuadriculado de N. a S. y de E. a W, en grandes tramos por circulaciones de vehículos, circundado por dos calzadas de circunvalación de distinto radio, del resto de las demás zonas. Como límite E. de la ciudad está el canal del desagüe, detrás del cual se supone una gran zona fértil para cultivos que coincide con el vaso del antiguo lago de Texcoco.29

En cuanto a la ciudad socialista, se diseñó para garantizar la organización de la vida de sus habitantes conforme a una estricta planeación, la cual se reflejaría en la eficiencia de las viviendas, en los locales de trabajo y en la facilidad para el desplazamiento hacia las zonas de habitación y productivas:

Por lo que toca a la organización autónoma de los habitantes de la Ciudad Obrera, se precisaron sus edades y sus actividades para obtener una clasificación global y de allí determinar en cada grupo el horario diario de vida, con el objeto de controlar tanto el tráfico de esa población como las capacidades de los locales, según el número de personas que constituyen los grupos de los distintos turnos […]30

El programa arquitectónico de las viviendas

El programa destinado a las viviendas trató de responder a las necesidades específicas de una población que tendría una dinámica de vida colectiva. A partir de esta consideración, la zona de habitación se distribuyó en varias divisiones: la Sección de Recuperación, donde se hallaban los dormitorios, así como estancias y servicios destinados a niños de 0 a 3 años y de 3 a 7 años; éstos últimos, al crecer, serían trasladados a la zona cívica, que poseía la Sección de Perfeccionamiento, conformada por la escuela que ofrecía los niveles de primara, secundaria, preparatoria y profesional, y que tenía el objetivo de graduar a sus alumnos cuando cumplían los 23 años de edad.

Es importante señalar que el equipamiento colectivo trató de responder a la nueva forma de vida que se desenvolvería en esta ciudad, de modo que se cuidó de proveer de espacios suficientes a sus dormitorios y estancias para albergar a la gran cantidad de usuarios que la ocuparían. Asimismo, la dinámica de educación, trabajo, descanso y esparcimiento resultante representaba una nueva forma de vida en el contexto urbano y arquitectónico mexicano de la época, cuando predominaron los modelos de casas unifamiliares y departamentos.

Zona de esparcimiento y recreación

Se implementó la atención a estas necesidades para la Sección “D” de la zona cívica, dedicada al esparcimiento y a los aspectos físicos (deportivos). De esta manera, se ubicaron salones de juegos y de baile, y se dispuso de una Sección Psíquica, donde se hallaría la sala de espectáculos y las salas de juegos de salón. Resulta interesante señalar que en otros proyectos de la Unión también se contemplaron estos aspectos, como es el caso del edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas (1938), donde se instalaría un casino que tendría mesas de ajedrez, de juegos y de billar, además de una cancha de básquetbol y un auditorio. Siguiendo con esta tónica, en el edificio de la Confederación de Trabajadores de México (1939) también se proyectó un auditorio para las actividades teatrales, musicales y de reunión con fines de propaganda política, que dejaba ver el interés de las organizaciones y del Estado por inculcar el fraternalismo y una orientación socialista entre los trabajadores.

La distribución de los espacios habitables

Este punto obedece particularmente a la organización de la familia dentro de la célula de la vivienda. Se diseñó para que pudieran habitar los padres y los niños de 0 a 2 años. Dentro de la célula se encontraría una pequeña cocina, pensada especialmente para el desayuno y la cena, pues la comida principal se tomaría en los comedores colectivos. Si bien se dispusieron sanitarios y baños en cada célula de habitación, también los dormitorios colectivos para niños y niñas contaban con ellos.

Aquellos infantes cuya edad comprendía de 3 a 7 años deberían descansar en los locales anexos del mismo edificio, a cargo de personas especializadas. En lo que respecta a los niños de más de 7 años, dormirían en los internados de sus respectivas escuelas: primaria, secundaria y profesional. Por su parte, los edificios tipo que conformaron en conjunto la Ciudad Obrera estaban separados unos de otros. Lo anterior lo determinó:

La máxima inclinación del sol en todo el año, dejando, por tanto, grandes espacios suficientes para rodearlos de un extenso jardín. Como el edificio está sobre postes, para evitar la subida de la humedad del terreno y para aprovechar el paso a cubierto de peatones […]31

Como se ha observado, el proyecto de la Unión representa una organización destinada a la centralización de los servicios y la regulación de la vida de los trabajadores en comunidad. Aunque, por otra parte, son evidentes las similitudes con los primeros experimentos efectuados para la construcción de la “vivienda mínima” (1932-1936), en cuanto a la imposición de nuevas dinámicas de vida y convivencia a través de la arquitectura.32

Proyectos posteriores de los miembros de la Unión de Arquitectos Socialistas

Hacia 1940, en vísperas de la elección presidencial, continuaban los inconvenientes políticos, económicos y sociales que seguían aquejando al país a pesar de las iniciativas y de las reformas realizadas durante el plan sexenal del General Cárdenas. En este escenario político, comenzó a discutirse el tema de la sucesión presidencial entre los principales grupos de poder, lo cual definiría en los años posteriores las actividades de los partidos y de las organizaciones con orientación socialista en México.

Las últimas actividades de la Unión que se tienen registradas fue la publicación de su Proyecto de Ciudad Obrera en la revista Arquitectura y Decoración, en el mes de noviembre de 1939. Posterior a este acontecimiento, los miembros de la Unión participaron en el Primer Congreso Nacional de Habitaciones Obreras, celebrado en la Ciudad de México entre los días 25 y 30 de noviembre del mismo año.

Sin embargo, no representarían a la Unión. En este evento destacó la presencia de Alberto T. Arai, Raúl Cacho y Enrique Guerreo, quienes asistieron como delegados para exponer el texto: “Nuevo Urbanismo, principios fundamentales y métodos para la creación de nuevas ciudades de trabajadores.”33

En cuanto a Raúl Cacho, presentó su tesis de licenciatura en 1941,en la cual retomó elementos arquitectónicos del Proyecto de la Ciudad Obrera de la Unión, así como de la “Doctrina socialista”. Por el contrario, Ricardo Rivas, en 1943, no incluyó una justificación teórica relacionara con la doctrina de la Unión en su tesis profesional; posiblemente el proyecto para la Unidad Habitacional en Lomas de Becerra, que se encontraba desarrollando para la Secretaria del Trabajo y Previsión Social, se había alejado del objetivo de proponer una ciudad con base en una organización de vida colectiva como lo hiciera el Proyecto de Ciudad Obrera años atrás.

Una vez disuelta la Unión, sus integrantes mantendrían actividades dentro de la Escuela Superior de Ingeniería y Agricultura (ESIA) como profesores, así como en la construcción de hospitales, en la proyección de vivienda popular y colaborando en los proyectos para la edificación de la Ciudad Universitaria. Si bien fueron dejando atrás el discurso socialista que tiempo atrás justificó su arquitectura, continuaron con la promoción de una arquitectura funcional de fuerte carácter social.

Conclusiones

En medio de las circunstancias políticas y sociales que se desarrollaron durante el cardenismo, la Unión de Arquitectos Socialistas pudo establecer las premisas de su “Doctrina socialista de la arquitectura”. Éstas formaron parte de la consolidación de un funcionalismo con fuerte carácter social “que pretendió al calor de los sueños socialistas de la época, resolver los problemas de la habitación obrera, de los locales de trabajo y de reunión de la clase trabajadora.”34

Asimismo, estos jóvenes arquitectos no pretendieron diseñar elementos formalmente socialistas, aunque el carácter funcional, técnico y económico fue suficiente para denominar a sus proyectos como tales. De esta manera, desarrollaron nuevas propuestas de vivienda comunitaria, donde el trabajo y el fraternalismo entre los trabajadores serían el eje fundamental de la ciudad obrera.

REFERENCIAS

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NOTAS

1 Guadalupe Nava Oteo “La Minería”, en Daniel Cossío Villegas (coord.), Historia Moderna de México. El Porfiriato, vida económica (México: Hermes, 1965), 265.

2 Algunos socialistas utópicos, como Saint Simon, proponían una sociedad donde la administración y la economía pasaran a mano de los productores, es decir, a los obreros y trabajadores. De esta manera, se lograría un mejoramiento en sus condiciones laborales y de vida. Asimismo, plantearon la sustitución del gobierno por uno basado en la organización tecnológica y científica de la sociedad. Es importante mencionar que Saint Simon, junto con otros utopistas como J. Proudhon, rechazaría la idea de una revolución social que cortara tajantemente con el gobierno en turno; por el contrario, él pensaba en su progresiva desaparición. Sumado a lo anterior, enfatizaría que la dirección del gobierno se pondría en manos de los más capacitados y sabios, lo cual fue fuertemente criticado por pensadores anarquistas como Bakunin. Ver Ángel J. Cappelletti, La ideología anarquista (Barcelona: Espíritu libertario, 2010).

3 Gastón García Cantú, El socialismo en México: siglo xix (México: Era, 1984), p. 150.

4 Partido Liberal Mexicano, “Programa del Partido Liberal Mexicano” [San Luis, Misuri, 1 de julio de 1906], Regeneración 11, tomo III. Archivo Electrónico-Ricardo Flores Magón.

5 Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, Art. 123, Fracción XII.

6 Adolfo Gilly, La revolución interrumpida (México: Era, 1994), 351.

7 Pablo González Casanova, La clase obrera en la historia de México. En el primer gobierno constitucional (1917-1920) (México: UNAM- Siglo XXI, 1980), 173.

8 Sebastián Mayo, La educación socialista en México: El asalto a la Universidad Nacional (México: Rosario Bear, 1964), 193.

9 Rosendo Salazar, La CTM: Su historia, su significado (México: T. C. Modelo, 1956).

10 La LEAR estuvo adscrita a la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios, fundada por la Internacional Comunista en la URSS en 1930.

11 Rafael López Rangel, Enrique Yáñez en la cultura arquitectónica mexicana (México: UAM-Azcapotzalco, 1989), 72-75.

12 Alberto T. Arai, La nueva arquitectura y la técnica [1938] (México: INBA, 2001), 20.

13 A. T. Arai, La nueva arquitectura…, 20.

14 Raúl Cacho nació en Córdoba, Veracruz, en 1912, según el Diccionario Enciclopédico Veracruzano editado por Roberto Peredo, y Ricardo Rivas “en Oaxaca” en 1913.La fecha de nacimiento de Balbino Hernández no fue posible encontrarla; sin embargo, se puede suponer que, al ser contemporáneo y amigo cercano de los demás miembros, tendría una edad que rondaría los 25 años.

15 De Carlos Leduc se conoce su simpatía por la Revolución Rusa, y especialmente su admiración por la política del gobierno estalinista. En cuanto a la relación que tuvo con la LEAR, ésta fue de gran trascendencia, ya que logró desarrollar un proyecto para una carpa popular (que tenía la ventaja de poseer partes desmontables que permitirían su traslado a diferentes barrios de la ciudad), donde se llevarían a cabo las actividades culturales y de difusión de la liga.

16 Víctor Arias Montes y Carlos Ríos Garza, “Estudio introductorio. El arquitecto Yáñez”, en Víctor Arias Montes y Carlos Ríos Garza, Enrique Yáñez y el edificio del Sindicato Mexicano de Electricistas: Un aporte del funcionalismo a la arquitectura mexicana (México: UNAM-Facultad de Arquitectura, 2011).

17 Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández, “Doctrina socialista de la arquitectura: Unión de Arquitectos Socialistas (1938)”, en Ramón Vargas Salguero y Víctor Arias Montes (comps.), Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III: Las nuevas propuestas (México: UNAM-Facultad de Arquitectura, 2010), 226.

18 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Doctrina socialista de ka arquitectura…” 226.

19 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Doctrina socialista de ka arquitectura…” 226.

20 Lilia Gómez y Miguel Ángel de Quevedo, Testimonios vivos, 20 arquitectos (México: SEP-INBA, 1981), 661.

21 Ramón Vargas Salguero, “El funcionalismo socialista en México: una corriente silenciada”, Arquitectura latinoamericana 2-3 (1) (1977), 39-46.

22 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Doctrina socialista de la arquitectura…” 226.

23 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Doctrina socialista de la arquitectura…” 230.

24 Lilia Gómez y Miguel Ángel de Quevedo, Testimonios vivos, 20 arquitectos, 651.

25 Raúl Cacho, “Proyecto de la zona de habitación para la familia del soldado en la Ciudad Militar Núm. Uno de México, D.F.”, (tesis de licenciatura, UNAM), 1941.

27 Alberto T. Arai, Raúl Cacho, Enrique Guerrero y Balbino Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”, en Ramón Vargas Salguero y Víctor Arias Montes (comps.), Ideario de los arquitectos mexicanos. Tomo III: Las nuevas propuestas (México: UNAM-Facultad de Arquitectura, 2010).

28 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

29 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

30 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

31 A. T. Arai, R. Cacho, E. Guerrero y B. Hernández, “Proyecto de Ciudad Obrera de México”.

32 Un claro ejemplo se dio en las casas para obreros en Jardín Balbuena, en las cuales se impuso una forma de habitar de acuerdo al programa arquitectónico de las casas.

33 Alberto T. Arai, Raúl Cacho y Enrique Guerrero, “Nuevo urbanismo, principios fundamentales y método para la creación de nuevas ciudades de trabajadores”, en Primer Congreso de Habitaciones Obreras (México: Letras de México, 1940), 46.

Jesús Nazaret Márquez Soriano
Instituto de Estudios Superiores Rosario Castellanos
commodore.oct@gmail.com

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DOI: http://dx.doi.org/10.22201/fa.2007252Xp.2019.20.72345